
Cuando los días están llenos —de trabajo, de cuidados, de pendientes— la idea de 'cuidarte' puede sentirse como una tarea más. Por eso vale la pena pensar en pequeño.
Tres minutos de respiración consciente antes de levantarte de la cama. Un té que tomas despacio, sin pantalla. Una caminata corta sin rumbo fijo. Escribir una frase al final del día sobre cómo te sentiste.
Estas prácticas no resuelven todo, y no pretenden hacerlo. Pero te recuerdan que también existes fuera de tus responsabilidades, y que mereces atención, aunque sea en dosis pequeñas.
Si sientes que ni siquiera esos minutos te alcanzan, puede ser una señal de que necesitas un espacio más sostenido de acompañamiento. Está bien pedirlo.


